Puede que no sea aconsejable ser optimista en los tiempos que corren, puede que debamos aplicarnos el pesimismo a diario. Por qué si no, cómo sales adelante cuando la realidad hace tambalear tus ideales, y tus pilares, la familia, los amigos, el amor... no lo pueden todo como tu esperas.
¿Es la esperanza una nueva droga que deberíamos dejar? ¿O es lo único que nos mantiene vivos?
¿Qué hay de dañino en la fe? Nada, el saber que todo puede mejorar es lo que nos mantiene vivos.
Altas expectativas de un verano, eso es lo que venden. No te venden sólo la cerveza, parece ser que al adquirirla también va acompañada de una banda sonora pegadiza que te acompañará el resto del verano, junto con un eslogan y compañía extraordinariamente atractiva.
Ahí que vas tú y te aficionas a la cerveza, a ver si puede ser que la cosa se vaya tornando y esté cada vez más próximo a lo que te decían.
Total, que tu final está más cerca de hacer eses hasta casa antes que de terminar besándote con alguien tras un atardecer perfecto, navegar con un velero, conocer gente en una fiesta en la playa mientras bailáis alrededor de una hoguera o vivir un verano frenético.
Suerte que yo soy conformista, al menos en esas cosas, así que me contento con salir con mis amigos de siempre, de cervezas, pero sabiendo que en nada se parecerá a aquello.
De banda sonora, cualquiera que al escucharla, inmediatamente, os pongáis a bailar una coreografía en el coche dejando atónitos al personal allá por donde paséis.
Y es que mi verano es aroma a jazmín y galán. Es tumbarme en la cama, cerrar los ojos y escuchar ese CD de Adele que tanto me relaja. Es quedar con mis amigos y descubrir que tras un verano y casi el resto del año viéndonos, aún quedan cosas por hablar. Es leer algo más que lo puramente académico, con tiempo, saboreando.
Y como soy conformista no los denuncio por publicidad engañosa.
Mediterráneamente.
De cañas con mis amigos, empezamos a especular cual de todos nosotros se casaría antes. Yo no me pienso casar, dijo más de uno; bueno pareja estable entonces, para cortar la discusión.
Cada uno hizo su particular lista mentalmente, y uno de ellos muy seguro de lo que iba a decir a continuación dijo: Clara será la típica que con 35 años será soltera y escribirá sobre los desamores. Sucesión de miradas.
Y es curioso, porque justo al día siguiente, mi amiga Carmen que no conoce a ninguno de los de la noche anterior me explicaba que siempre había planificado su vida (como si eso se pudiera hacer) teniendo su primer hijo antes de los 30, pero con todo lo que tenía que hacer antes no le daba tiempo a cumplir sus expectativas.
Terminamos la carrera, encuentras un trabajo estable, y luego lo más importante, encontrar la persona, que muchos daban por hecho la noche anterior.
Empecé a pensar, que hay personas que encuentran fácilmente a alguien, mujeres/hombres liana los llamo yo, no sueltan a uno hasta que tienen a otro. Quizás hay personas que no están hechas para estar solas y el tener pareja les da seguridad; y puede que a otras les sea más complicado, por no ser tan conformistas o por ser más especiales, menos comunes.
¿Existe gente que quiera estar sola toda su vida?
¡Quién diría que tenemos veinte años! Vivimos el presente, nos inquieta el futuro.
Todo se reduce a unos muros, el que debo saltar para acabar el curso, la carrera, las dificultades... y el que te separa de la gente, el más importante.
Levantas un muro que te separe del resto del mundo, todo se reduce a ellos, unos muros que levantas con arena rogando que nadie los salte.
Y en algún momento, piensas que los muros no mantienen a los demás fuera, sino a ti dentro. La vida es un caos, puedes pasarte la vida levantando muros o puedes vivirla saltándolos.
Tras varias decepciones con algunas personas, lo único que sé, es que si definitivamente te aventuras a saltar, hay gente maravillosa que no para de sorprenderte.
Y en este, mi mundo actual de desasosiego, en el que la tranquilidad desaparece de mi vida poco a poco, sólo vuelve de nuevo cuando estoy en casa. En ese sitio del que estaba deseando salir hace unos años, ser independiente, conocer gente y lugares nuevos, crear tu propia vida, solía decir.
Escucho en el Ipod, una de esas listas tituladas tranquilas/tristes, ¡hay que ser masoquista!. Ahora estoy en el tren, con la mirada pérdida pero fija en la ventana, y sólo veo una manta de olivos allá por dónde miro y las gotas de lluvia que se escurren por el cristal.
Y ese tren, no sólo te lleva al destino elegido, a mi en particular, a casa, pura tranquilidad.
Estoy de exámenes, así que no actualizaré hasta que no esté un poco más tranquila, ahora mismo tengo cuatro trabajos que entregar, ocho exámenes y por favor, algo de vida social!